Habrán sido unas 400 noches, más o menos. Unas 400 noches de jueves, para ser más específicos. Días especiales, ("únicos", como los adjetivan ahora por la zona de la plaza Urquiza), adorados por los calavera y odiados por los patrones. Pero no siempre fue así, no.

"Hubo noches con 60 personas en el boliche, la tuvimos que remar bastante. Queríamos que fuera los jueves y de música electrónica", dice Néstor David, uno de los propietarios de Pollock desde sus inicios. Hoy, el boliche que hace un culto de la música de los samplers, está cumpliendo siete años; y en Tucumán puede jactarse de ser sinónimo de ese día que es la antesala del fin de semana. "Era una apuesta grande: un boliche lleno de detalles, pintado de blanco, con mucha luz y música electrónica del under, no comercial. Había poco público para eso, pero insistimos", cuenta "El Negro".

En un principio fue el aire. Esa barra blanca, acolchonada para los codos, que tiraba aire frío al que se acercaba a buscar el refresco de la noche. Ahora son las visuales, el indispensable agite en las pantallas gigantes de VJ Rudy Garzotto que se bate a duelo con DJs residentes e invitados que tocan y se van. "Intentamos ir un paso más adelante, estar a la vanguardia y dar cosas diferentes. Creo que ese es el motivo de la permanencia", cierra David, ancho.